Historia del Juego de Bolos
Lo cierto es que el juego se ha
venido transmitiendo de generación en generación
y que con el paso del tiempo esos juegos han ido evolucionando
en los distintos valles y dando lugar a las diferentes modalidades.
Cualquier lugar era bueno para jugar a los bolos, incluso en la
calle, como lo demuestra el Bando publicado por el Ayuntamiento
de Santander en 1627, siendo alcalde D.Santos Villegas. La razón
de este Bando hay que entenderla en el contexto de la vida económica
de la villa, dedicada por entonces al comercio de lanas y harinas
provenientes de Castilla y que se comercializaban a través
del puerto. Cabe suponer que el continuo trasiego de carros y
carretas cargados de mercancías veían interrumpida
su cadenciosa marcha por el juego de bolos que practicaban los
vecinos en las calles mal empedradas o simplemente sorrapeadas
a fuerza de azada.
El Bando, primera referencia escrita de los bolos en Cantabria,
decía así: Que se pregone que ninguna persona sea
osada de jugar a los bolos en ninguna calle de la villa so pena
de doscientos maravedíes, aplicados por entre tercera parte
entre Juez, Villa y denunciante, y que sean castigados con todo
rigor. Seguramente los santanderinos siguieron jugando, eso sí,
fuera del recinto amurallado que en aquel tiempo tenía
la villa de San Andrés, dando lugar a campos de juego que
recibieron el nombre de boleras.
En 1722, en la villa de Ampuero, se dicta que ningún vecino
pueda ocuparse en el juego en día de trabajo, ni de día
ni de noche, como tampoco en día de fiesta hasta que se
haya dicho Misa Mayor... Y en las Ordenanzas de la Muy Noble Villa
de Santillana de 1773 también se pueden leer prohibiciones
y limitaciones del juego de bolos.
Pese a esos impedimentos legales, la práctica del juego
no disminuyó. En 1792 y 1807 se producen en Puente San
Miguel y Quijas, ambos pueblos del Ayuntamiento de Reocin, sendos
juicios en los que se ven involucrados las mujeres participantes
activas del juego de bolos.
En el siglo XIX los corros se ubicaban generalmente en la plaza
del pueblo, muy cerca de la iglesia, cuya campana marcaba el final
de la misa y el comienzo del juego. Los desafíos se concertaban
a dos juegos y a los gananciosos y las dudas planteadas las resolvía
el más viejo de los que presenciaban la partida.
El alejamiento de los tiros y el peligro de las bolas lanzadas
obligan a delimitar el recinto de juego, bolera o corro, con paredes
de piedra que dan lugar a las boleras tradicionales que hoy conservamos
en Santillana y Puente San Miguel. En las Ordenanzas de Corvera
de Toranzo, en 1891, se puede leer que Toda plaza destinada al
juego público de los bolos estará acotada de manera
que las bolas no salgan fuera de su perímetro, con peligro
para los que se hallan en sus inmediaciones (en la foto vertical
Bolera de Los Pinares en Santander en 1890).
A finales de siglo estas boleras van a ser sustituidas por otras
construidas junto a las tabernas en donde sus dueños ven
la posibilidad de negocio, apoyados por los indianos que fueron
modificando el tipo de bolo, lo que disgustó a los demás
practicantes produciéndose una disminución de la
actividad bolística.
Fin de Siglo El fin de siglo registra importantes aspectos en el
desarrollo del juego: - En 1881 el Rey Alfonso XII juega a los
bolos en Comillas. - En 1887 aparece en Puente San Miguel el primer
reglamento escrito. - En 1890 el Ayuntamiento de Santander convoca
un magno acontecimiento bolístico dentro de los festejos
veraniegos. - En 1893 llega a Torrelavega el torancés Telesforo
Mallavia y sus boleras de La Llama se convierten en la capital
bolística de Cantabria. Nacen los primeros concursos por
equipos de cuatro, previo pago de una cuota. - En 1896 se construye
en Comillas una bolera cubierta, la primera. - Comienzan los desafíos
y las apuestas. - En 1899 nace la primera peña bolística,
la Sociedad La Amistad, de Torrelavega, nacida con el único
fin de jugar a los bolos y huyendo de tener que pagar la perrachica
a Foro Mallavia.
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1907 La sociedad El Emboque edita un reglamento que supuso
un intento de poner un poco de orden donde no lo había. Al
año siguiente, aprovechando las facilidades dadas por la
empresa cervecera Cruz Blanca (en la foto posterior), inauguraron
la bolera cerrada de El Alcázar, en la calle Floranes, que
también hacía las funciones de baile. En 1912 hubo
otro intento de reglamentación, esta vez a cargo del escritor
costumbrista Adriano García Lomas pero no llegó a
cuajar.
El juego de los bolos entró en un peligroso letargo solamente
salvado por algún que otro desafío entre las cuadrillas
de Santander y Torrelavega, principalmente. En 1917 se organiza
en la bolerona de Puente San Miguel un desafío con cuatrocientas
pesetas en juego que son ganadas por la partida de Vargas. La revancha
con los locales no se hace esperar y hasta salen trenes especiales
para acudir al evento.
En 1919 el torrelaveguense Fernando Sañudo lanza una campaña
de prensa y con la ayuda de personajes como Darío Gutiérrez,
Gabino Teira y Telesforo Mallavia, entre otros, ponen en marcha
la Federación Bolística Montañesa con sede
en Torrelavega. Se organizaron por ayuntamientos y al año
siguiente juegan los campeonatos regionales que son ganados por
Ico Mallavia y su cuadrilla de Torrelavega. Parece ser que ese mismo
resultado se dio al año siguiente, 1921, pero las discrepancias
fueron fuertes y todo se vino abajo, desapareciendo la Federación.
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